Fedor Khitruk




"MOVIE, MOVIE, MOVIE" part 1/2 (1968)



"MOVIE, MOVIE, MOVIE" part 2/2 (1968)



Historia de un crimen (Fyodor Khitruk, 1962)

Fue Fyodor Khitruk quien, con Historia de un crimen (1962, 20 min.), fijó el modelo de lo que sería el carácter crítico de la animación soviética después de terminado el largo período estalinista. Esta pequeña pieza maestra está llena de sutiles lecturas críticas de la vida soviética. Comienza cuando en el patio de un edificio, y minutos antes de que sea la hora de salir al trabajo, dos ancianas se encuentran para chismear, reír y vocear a una tercera los acontecimientos de la noche anterior. Justo en ese momento aparece uno de los vecinos, el contador Vasily Vasilievitch Mamin, de 47 años de edad, “nunca antes encarcelado ni arrestado”, según se nos dice. Aunque tiene un enorme cuchillo oculto a su espalda, Vasily Vasilievitch las mata (éste es el crimen que da título al animado) con un golpe de caldero de cocina en la cabeza. Alrededor de los cuerpos caídos y del tímido asesino, se reúne la vecindad, que sólo se moviliza cuando aparece un monumental y sabio policía, quien pide que se le dé atrás al tiempo veinticuatro horas. Entonces vemos al contador atravesando pequeños escollos antes de llegar al trabajo: unos niños poco educados que no dejan de saltar una suiza e impiden el paso, un forzudo a medio afeitar que se apodera del asiento que Vasily Vasilievitch cede a un anciano, un trabajo en el cual sólo secretarias y jefes parecen atareados (unos dictando órdenes, las otras copiando), un grupo que charla en el cuarto para fumadores, y un cartel que incita a “cumplir el plan del año tres días antes”. Al final de todo esto (la distribución de habitaciones y modos de emplear el tiempo es horizontal), se encuentra nuestro héroe realizando su tarea y, al fondo, a través de la ventana, un edificio es construido en apenas segundos; tras de ello, la hipotética cámara se aleja y vemos que la ciudad entera es escenario de una sinfonía de nuevas obras que -si atendemos a lo que sucede donde Vasily Vasilievitch– no es posible entender cómo suceden. Pero es luego del regreso a casa que la odisea de Vasily Vasilievitch comienza: en los bajos del edificio, cuatro vecinos juegan dominó. Uno es un evidente jubilado; el del ángulo opuesto en la mesa (curiosamente parecido al forzudo sin afeitar que tomó para sí el asiento que nuestro Vasily ofreció a un anciano en el metro), un evidente vago: los dos extremos negativos del ciudadano ejemplar. El humo de sus cigarros marea y el golpeteo de las fichas estremece el edificio. Vasily Vasilievitch quita una pelea de boxeo en la TV para ver una película dramática, pero una batería, con síncopa de jazz, interrumpe: el vecino de los altos escuchando radio y mirando… una pelea de boxeo. El contador sube las escaleras para reclamar (su voz es una melodía de flauta) y el otro (con sonido de trombón) responde con violencia. Nuestro héroe desciende las escaleras a toda velocidad. Luego, a lo largo de toda la noche, hay fiesta y griterío de borrachos, un escándalo matrimonial (que termina en reconciliación), dos enamorados jóvenes que intercambian mensajes golpeando las tuberías de la calefacción y, finalmente, una pila que gotea a las cinco de la madrugada, justo cuando suena el grito de las dos ancianas. “Esperamos que las personas que decidirán el destino de Vassily Vasilievitch vean nuestra película y comprendan”, dice la voz del narrador, mas a continuación un camión se detiene ante la puerta de un almacén o tienda que hay en el lugar y comienza una ruidosa descarga de mercancías. Aparece el letrero que indica que hemos llegado al final, un final que nos regresa al inicio. Si el ambiente laboral es de escasa dedicación combinada con autoritarismo burocrático, el espacio privado destaca por la ausencia de solidaridad y la falta de sentido de pertenencia. (Víctor Fowler Calzada)



"Story of a Crime" Part 1/2 (1962)




"Story of a Crime" Part 2/2 (1962)


Hombre en el marco (Fyodor Khitruk, 1966)

En el reverso de lo anterior, y siguiendo un camino que profundiza el aspecto crítico de su obra, Khitruk realizó el animado titulado Hombre en el marco (1966, 10min.). Aquí la primera imagen es la de un personaje masculino enmarcado dentro de un cuadro y, a su alrededor, fuera, un formulario en el cual leemos la extraña descripción negativa de una vida humana: no, no, no fue, no tiene, no posee, no participa, nunca ha sido arrestado. El personaje, esta vez sin nombre, nos es presentado como el modelo de burócrata pomposo, incapaz del más pequeño gesto humano que lo obligue a salir de lo sancionado y enmarcado, como su misma existencia. El relato está dividido en pequeños cuadros que nos explican actitudes y posibilitan la formación de un retrato global. En uno de ellos, el personaje va a entregar un ramo de flores a la Venus saliendo de las aguas de Botticelli (en un gesto simbólico de acción de apreciación de la belleza, desinteresada y sin retribución), pero entonces se zafa el marco, que el personaje clava apurado, con lo cual se impide a sí mismo salir de su seguridad y prisión. En otro, titulado “Primer trabajo”, otros personajes, igualmente enmarcados, continuamente dicen que “no” y una mano permanentemente señala la dirección que se debe tomar. En el titulado “Momento de debilidad”, el personaje prefiere conservar la dignidad de su marco a iniciar una relación amorosa con una secretaria; el marco se llena de angelillos propiciatorios, pero en cuanto “desciende” en su posición en la pared, el amor es abandonado, los angelillos echados fuera de un manotazo y la vida regresa al antiguo orden: un jefe que da órdenes y una secretaria que mecanografía. En otro de los capítulos, un papalote infantil, igualmente simbólico, entra al interior del cuadro y nuestro personaje lo recorta para convertirlo en un sobre cuadrado para enviar correspondencia; pero cuando el marco vecino se desprende y cae, tener un sobre hecho de un papalote parece demasiado riesgo: lo estruja y tira al cesto. Al final del episodio, el personaje observa un espacio vacío en la pared (más alto que el propio) donde alguna vez hubo un marco; entonces lo vemos pronunciar discursos con gestualidad marcadamente enfática y subir un poco, observar la nueva posición, pronunciar más discursos y subir todavía más.

La burocracia que aquí se nos presenta no es, para comenzar, un hecho aislado (puesto que todos, en esa pared llena de personajes enmarcados, son lo mismo) y, más importante que ello, no es sólo una manifestación de ineptitud o pérdida de horizontes de desarrollo. Contrario a ello, la pieza tiende un sólido hilo entre lo formal y oficinesco y lo político: el burócrata desea poder y hará cualquier cosa para conseguirlo. No en vano, en la pequeña escena titulada “Llorando por ayuda”, justo cuando el personaje abrillanta el marco propio, escuchamos la voz aterrada de alguien que grita pidiendo auxilio, a lo que nuestro personaje responde escondiéndose (evadiendo la responsabilidad) detrás de papeles oficinescos. Exactamente cuando la voz del otro se pierde (nunca sabremos qué lo aterró de tal modo ni cómo termina la historia), Khitruk establece una sorprendente conexión con la historia reciente del que entonces era país soviético: nuestro burócrata pronuncia, siempre enfático, la oración fúnebre de alguien, quizás la realizada en homenaje de aquel mismo que pedía auxilio. La última etapa del personaje es la de un ascenso tan desmesurado que, en combinación con el engrosamiento del marco de madera, termina por hacerlo desaparecer de nuestra vista: muy alto y prácticamente asfixiado en el mundo de las ordenanzas. En paralelo a ello, la imagen de una pionera saltando suiza ha ido creciendo hasta ser ella quien ocupa la pantalla en un último mensaje que habla sobre la confianza en un futuro de superación. (VF)



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