Masaaki Yuasa

En el año 2004, Masaaki Yuasa, que había ya participado como animador en Cat Soup, Mis vecinos los Yamada, Samurai Champloo o la famosísima Shin-Chan, se convirtió en un grande de la animación japonesa, gracias su triunfal paso a la dirección con la alocada y lisergica Mindgame. Ahora vuelve de la mano de los 2 estudios de anime más innovadores del momento, Madhouse y Studio 4ºC, para presentarnos Kemonozume, 13 capítulos para una serie nada convencional.




"Kemonozume" extract



"Kemonozume"




Mind Game. Flipar en colores
Maasaki Yuasa, creador del televisivo Shing Xang, es un laboratorio de ideas de proporciones incendiarias, un auténtico revolucionario conceptual del anime. Mind Game (2004), su radical e inabarcable primer largometraje, debe considerarse desde estos instantes la obra de referencia para aquellos que se acerquen al (últimamente) estereotipado mundo de la animación cinematográfica. El fime de Yuasa es un híbrido marcadamente iconoclasta, cuyos referentes inmediatos pasan por la factoría Disney (especialmente sus más delirantes fimes: Pinocho y Dumbo) y el surrealismo pop de los filmes que en su día realizó Richard Lester al servicio de The Beatles.



Con un arranque marcadamente tarantiniano, de amplios contrastes cromáticos y cierto espresionismo “noir”, Yuasa despliega la historia-odisea de Nishi, un joven creador de cómics que tras un incidente con unos gansters vuelve de la muerte convertido en héroe (a la manera de El cuervo, de Alex Proyas). Nishi se embarca en una delirante historia junto a la joven Myon en la que no faltan persecuciones, ballenas gigantescas y animales abisales por citar un ejemplo de la fauna que acompaña a los protagonistas. La potencia visual, abrasiva, de Mind Game en ocasiones roza lo febril y su intuitivo montaje, que imita la percepción de la mente con una azarosa insania, sitúa al espectador en los ominosos terrenos de la psicodélia farmacológica. Mind Game es un mal viaje retratado en toda su proporción, si hasta hoy habíamos tenido espúreos ejemplos como el caso de la secuencia de la borrachera de Dumbo (y su simpar coreografía de elefentes mutanes) o en la totalidad escénica de Alicia en el país de las maravillas, con el filme de Yuasa el espectador irá un paso más allá.



"Mind Game" fragmento (2004)

Otro aspecto interesante de Mind Game es el trazo de sus dibujos, un trabajo que fluctúa entre el feísmo, el manga y la experimentación (sus personjes en ocasiones adoptan rostros de personas reales) sometiendo la concepción artística a giros estéticos diversos y repetitivos. La saturación sobredimensionada y la estilización constante del dibujo obedece a una suerte de loop visual que provoca que, a medida que el filme avanza, la retina del espectador las asimile con mayor naturalidad.

Maasaki Yuasa tritura todas las tendencias en su particular batidora conceptual: el esnobismo publicitario televisivo, la calidez conceptual de Hayao Miyazaki, la hueca infografía de los postreros blockbusters hollywoodienses, el pulp desangelado de filmes como Sin City (2004) de Robert Rodríguez y un largo etcétera. Todo ello está tamizado por un histrionismo desenfadado y amplias dosis de sarcasmo.

En el filme, Yuasa, también se atreve con Dios en uno de sus pasajes más inspirados. El Todopoderoso, que en un principio se nos presenta como un ente abstracto a medio camino entre el Hall de 2001. Una odisea del espacio, de Stanley Kubrick y una conspirativa entidad inspirada en Matrix, de los hermanos Wachowski, pronto se transforma en un simpático “payaso mutante” que puede adoptar la forma de una tigre o la de una suerte de Cobi con tendencia al travestismo (ni Dalí hubiera tenido tanto arrojo).



"Mind Game" Trailer (2004)

Es evidente que Mind Game supone un punto y aparte en el mundo del anime, una revolución conceptual de primer orden que condensa en 101 minutos los hallazgos que un creador al uso debería transmitir a lo largo de toda una obra. Que se pongan las pilas sus compatriotas Satoshi Kon y Katsuhiro Otomo, sus felices aciertos parecen quedar a años luz de esta orgiástica cinta. (via)