William Kentridge

Johannesburgo, 1955
La obra de William Kentridge evoluciona desde unos orígenes ligados a la confrontación directa con el apartheid hacia una disolución de sus planteamientos críticos a medida que su obra cobra un prestigio internacional. Partiendo del dibujo a carboncillo sobre papel, técnica de la que en ningún momento se ha desligado, su trabajo experimenta con la creación audiovisual, introduciendo progresivamente el elemento temporal en sus diseños sobre papel. Sus proyectos se han desarrollado de modo paralelo a su actividad dentro del teatro, donde ha trabajado como actor, diseñador y, recientemente, como director. Conjugando estos tres elementos‚diseño, teatro y cine‚, la obra de Kentridge se encuentra a medio camino entre el espectáculo en directo, la producción teatral y las películas de animación. El rechazo de las técnicas digitales confiere a su obra un personalísimo sello, en donde la imperfección del papel y el carboncillo utilizados aparecen como emblemas de "una libertad creativa a salvo de los cantos de sirena de la animación digital de alta tecnología".(via)



"Weighing... and Wanting" (1997)



Mediante el dibujo y la animación, Kentridge pone en marcha una extraordinaria facultad para hallar relaciones ocultas entre la textura del grafito sobre el papel y una historia que emerge sin guión; con una especie de poesía serena construye narraciones imposibles, acontecimientos y situaciones que revelan una comprensión profunda de la imaginación.
Propone explorar el movimiento entre lo que vemos y lo que sabemos, entre los matices del gris y el azul inventar un mundo, o varios; mostrar que no es suficiente estar en el mundo para estar vivo, que es preciso ponerse en juego y, mediante la conciencia de nuestra voluntad y nuestro deseo, ejercer la imaginación como posibilidad para comprendernos.
Las obras de este artista construyen su propio universo de significado, muestran una gramática interna capaz de explorar con gusto los límites del pensamiento, y de ampliarlos; muestran una tranquila y poco frecuente pasión por inventar resquicios para que la libertad logre colarse en nuestra experiencia.
William Kentridge inventa las imágenes, el relato, la mirada, y se inventa a sí mismo; inventa mundos que se abren y se parecen, cada vez más, a un poema; quizá por eso, este tipo de arte nos es tan preciso a cada minuto. (via)




"Felix in Exile " (1994)



Acceso directo youtube:
"Magic Flute" (2003)
part 1
"Magic Flute" (2003)
part 2
"Magic Flute" (2003)
part 3

Learning the Flute se presenta como ejercicio preparatorio de la producción de la ópera Die Zauberfl?te que William Kentridge dirigirá en el Real Teatro de la Moneda de Bruselas en 2005. El complicado universo de la obra de Mozart se presta a innumerables interpretaciones y lecturas de las que Kentridge saca partido. La imaginería de reminiscencias masónicas y el oscurantismo que rodea a los personajes de la ópera es interpretado en esta película de animación y en sus dibujos preparatorios (de los que The Magic Flute es ejemplo). A través de la inversión tonal del blanco y negro, que se consigue al sustituir el carboncillo sobre papel por la tiza sobre pizarra, son construidos los diferentes caracteres, dominados por la contraposición de La Reina de la Noche, asociada a la Oscuridad y la Luna, con Sarastro, asociado a la Luz y el Sol. La arquitectura del antiguo Egipto, utilizada de modo recurrente a partir de los decorados originales que Schinkels diseñara para el estreno de la obra en 1791, es nuevamente retomada por Kentridge, asumiendo gran parte de los elementos conceptuales, visuales y simbólicos (como la omnipresente figura del halcón) utilizados en la época por el diseñador alemán. El recorrido que realiza la película se detiene en el siglo XIX, emulando en negativo la fotografía científico-documental de los exóticos parajes y arquitecturas antiguas del norte de áfrica. También está representado el siglo XX a través de los ?objetos perfectos? de Man Ray, completando un viaje temporal repleto de referencias iconográficas y conceptuales, de tan ambiguos significados como la propia obra en que se basa.(via)



"Johannesburg" (1989)

Johannesburg the Second Greatest City after Paris is the first in this series, and was made from twenty-five drawings. The sound-track includes music by Duke Ellington. It introduces the viewer to the characters central to most of Kentridge's subsequent films in the series. Soho Eckstein is a prosperous Johannesburg property developer, equally indifferent to the well-being of his workers and the emotional needs of his wife. He is portrayed frontally, wearing a pinstripe suit, sitting behind his desk where he guzzles food and drink, or stares bleakly at the destroyed terrain of the mining landscape. In contrast Felix Teitelbaum, Soho's alter-ego, appears nude, seen from behind, gazing into the landscape. His water-soaked, sexual fantasies of Mrs Eckstein contrast powerfully with the aridity of Soho's business, and with the faceless crowds of African miners who advance and retreat on the edges of Soho's world. The title of this film is ironic: the wasteland it depicts, in the land and in the emotional relationship between Soho and his wife, is the result of the growth of Soho's power, crudely analogous both to colonialism and to capitalism. Made just at the time when international pressure on South Africa to abolish apartheid had reached its greatest intensity, the film is a reminder that western societies were once built on similarly inhumane principles. Kentridge's multiple layers of complicity and responsibility allow for no simple readings. (via)



"Mine" (1991)



"Sobriety, Obesity & Growing Old" (1991)